(47) Supongo
Recuerdos de Vietnam y un traje de lino para el mes de agosto.
Veté hablar del hantavirus en la cena con mis amigos. Recuerdos de Vietnam ver a Fernando Simón en la tele. Recuerdos de cuando, en el confinamiento, reservaba los viernes para cenar pizza. Todos los viernes cenaba pizza. Hice deporte, pero no como ahora; cociné, pero no como ahora; leí, pero no como ahora. Y no querría volver a hace seis años. Conciliar también es saber cuándo apagar la televisión y volví de Barcelona la semana pasada asumiendo que estoy entrenado ya, sobre todo a raíz de aquello, para escapar de vez en cuando. Solo, o con Laura, con mis amigos o incluso con mis padres; supongo que la madurez también es entender que el cerebro no tiene por qué funcionar, recordar, diagnosticar o decidir todo el tiempo. El pasado no siempre fue mejor.
Supongo que no nos gusta que la historia sea cíclica, pero cada cuatro años hay Mundial y eso alegra a cualquiera. Bueno, o no, pero me entendéis. Quedan cada vez menos días y esa sí es la repetición de acontecimientos que nos gusta: Alemania - Curazao a las cuatro de la mañana, por qué no. Jugarnos 10 euros para ver si acertamos los goles y los resultados, para ver si estamos pendientes de un Qatar - Bosnia o de si las victorias de España valen doble. No va solo de fútbol; es cultural, un nexo de unión. Un día me dijeron que para los turistas el trío tópico de viajar a Andalucía, Canarias o Alicante era sencillo: siesta, fiesta, Iniesta. Me quedo casi con lo último, con Andrés que ahora será Lamine. Cada vez queda menos, y menos mal.
Pero tengo que comprarme un traje de lino para el mes de agosto, para una boda. Y no me veo con él. No sé si tengo cuerpo para un traje de lino. No he cambiado mi look desde vete tú a saber cuándo, y no creo que lo haga ya; soy clásico para casi todo. Ordenado, cuadriculado, de gustos rotundos, diría. Pero de repente tengo que decidir si asarme de calor o arriesgar. Yo, que no arriesgo casi nunca. Yo, que tengo un solo traje que reciclo cuando la ocasión lo merece. Yo, que no solo especialmente fan del verano caluroso. Yo, que supongo que nunca he querido aprender de moda porque tengo la mía propia y creo que me funciona. Yo, que soy de gustos sencillos. Yo, que supongo nunca me veré con toques y colores originales. Yo, que tengo pocos reclamos. De momento, solo uno, el traje, para 35 grados, tiene que ser de lino.
Mi planta naranja lima es un descubrimiento, uno de esos libros cortos y profundos que te dan vida. No lo he terminado y lo pongo ya por aquí porque se que es uno de los que querré recomendar. Es de esas novelas antiguas que se vuelven nuevas porque de repente hay una generación que la vuelve a valorar; y menos mal. De niño a hombre, como todos. ¿Qué quieres ser de mayor? Algunos quisimos ser astronautas, luego médicos, luego conductores, luego simplemente periodistas. Algunos quieren ser poetas incluso desde muy pequeños y por eso este libro desborda curiosidad, constumbrismo, capacidad para empatizar con quienes todavía no han crecido. Lo harán y querrán seguir siendo poetas… supongo. Eso sí, no hay versos suficientes para explicar lo difícil que es ser adulto antes de tiempo; es, en definitiva, una novela que te recuerda que los niños son niños y que arrebatar esa niñez es algo que ninguna sociedad debería permitir.
Fue la semana en la que hablamos de si arroz al horno o paella, y ganó lo primero para placer de Laura, que me avisó que quizás llorase porque casa es casa. Siempre. Supongo que estos son los planes que nos avisan de que va llegando el verano. Supongo que Bruselas gana varios puntos cuando sale el sol; supongo que en olores que reconocemos está la motivación del domingo hacia el lunes; supongo que escuchar palabras que nos recuerdan a Vietnam no es tan complicado si de repente tienes rebujito de María en la mano o compartes un café con Amaia y Asier. No estamos en 2020, que en cierto modo fue el año de la soledad. El objetivo, supongo, tiene que ser que el espacio propio sea elegido… como un confinamiento voluntario, ahora que vuelve a estar de moda.
La clave europea de la semana
Europa no es sitio para los postulados de Trump: eso lo han vuelto a confirmar los líderes en la cumbre de la Comunidad Política Europa celebrada este lunes en Ereván (Armenia), que con más de 40 países ha servido como el enésimo mensaje de los socios para censurar los planes de la Casa Blanca. De hecho, ha dado como paso histórico el incluir por primera vez a un país no europeo: Canadá. Más claro, agua, frente al ‘trumpismo’. El formato nacido para “refundar Europa” como actor global empezó, apadrinado por Emmanuel Macron, como parapeto a Vladimir Putin y ahora ha servido también para alejarse cada vez más de Estados Unidos, al menos en la teoría.
Por ejemplo, los europeos no ‘compran’ el plan humanitario de Trump para el estrecho de Ormuz. El propio Macron aseguró que es una hoja de ruta “poco clara” y que él está dispuesto a liderar -como ya se sabía, junto a Reino Unido- una misión en el enclave pero cuando se den las circunstancias. “Si Estados Unidos está dispuesto a reabrir Ormuz, estupendo. Es lo que pedimos desde el principio. Pero nosotros no vamos a participar en ninguna operación de fuerza que sea en un marco que, por mi parte, me parece poco claro“, señaló el dirigente galo desde la capital armenia, donde también pidió más autonomía europea a nivel estratégico, en un discurso que fue de la mano con el lanzado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien pidió una Europa “más independiente”.
En ese escenario, Macron tuvo claro el mensaje en la cumbre. “Estamos experimentando el coste de nuestras sobredependencias cuando hablamos del paraguas americano en términos de defensa y seguridad. Seamos honestos, este es el elefante en la habitación”, expuso, antes de añadir que Europa “está despertando”. En la misma línea habló por ejemplo la Alta Representante de la UE, Kaja Kallas, que vio como una “sorpresa” la retirada de tropas estadounidenses de Alemania y reclamó “reforzar” el papel europeo dentro de la Alianza Atlántica. El primer ministro británico, Keir Starmer, alertó por su parte de que la “tensión” en las alianzas históricas es algo que ya hay que dar por hecho.
Canadá fue el invitado especial y su primer ministro, Mark Carney, ejemplificó el 'muro antitrump', en la foto de una alianza de futuro con un "socio clave" a ojos de los europeos de cara a confrontar modelos con Trump. "El orden internacional tendrá que ser reconstruido, y estoy convencido de que será reconstruido a partir de Europa", expuso Carney, que ve mucho terreno en común por explorar con los europeos y recordó, como ya hiciera en Davos hace meses, que las antiguas alianzas ya no funcionan. "El mundo está experimentando una ruptura en varias dimensiones: en tecnología, en energía, en comercio y en geopolítica", alertó, con un trasfondo de una vuelta a las "hegemonías" a las que, dijo, "no está deteniendo una política de integración".
Eso sí, EEUU volvió a encontrar el favor del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que asumió la "decepción" de Trump con Europa a cuenta de la guerra en Irán. "Ha habido cierta decepción por parte de Estados Unidos en cuanto a la reacción europea por lo que está ocurriendo en Oriente Próximo. Pero también diría que lo que escucho de mis contactos con líderes europeos es que estos han captado el mensaje, lo han escuchado alto y claro", sostuvo; así, añadió que ya hay países como Italia, Portugal o Grecia que están cooperando con Washington, pero no mencionó a España... con el riesgo de que las siguientes bases 'desmanteladas' sean las de Rota y Morón.



